El miedo no tomó la luz
y la luz se volvió tinieblas.
Entre picaflores y esa avecilla innominada
... abandonamos la noche negra,
la que desmorona ante mudos testigos
sobre el caos de amados y excluidos.
No malgastamos ni la blancura ni el aire respirado.
Somos dos en danza, dos únicos alados.
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