Acaso el tiempo tiene pestañas de congoja.
En mi ocaso de días enfermos,
el otoño muerde el camino
y deja una cicatriz en los recodos.
Una mancha, un gajito volador,
una libélula encantada
posa su cuerpo en verde calma
y mis ojos viajan sin destino,
emigran desde el llano al mar profundo,
y en la laxitud del monte ignoto,
tu presencia se perfila allí, en tu mundo...
Y no estoy en él, querido mío...
No estoy en él y siento tanto frío...
Alicia J. Raffin
AUTORA. ESCRITORA. POETISA ARGENTINA.
ALICIA J. RAFFIN
domingo, 11 de mayo de 2014
LÁGRIMAS DE PENA
En el temblor de la pena,
las lágrimas pugnaron por correr
y descender en el camino de mejillas.
La honda pena, un relámpago de dolor
abrió los lagrimales e intentó empujar cada gota.
Pero las lágrimas emigraron
y el dolor las consumió una a una.
De frente al sepulcro,
me quedé como un tétrico fantasma
envuelto en las propias tinieblas.
La tarde lloró a raudales,
lo hizo por ella y también por mí.
No pude llorarla,
aunque la llevo aquí,
adosada a mi alma,
mi elegida y querida hermana,
mi querida amiga,
dulce mujer, amada Noemí.
las lágrimas pugnaron por correr
y descender en el camino de mejillas.
La honda pena, un relámpago de dolor
abrió los lagrimales e intentó empujar cada gota.
Pero las lágrimas emigraron
y el dolor las consumió una a una.
De frente al sepulcro,
me quedé como un tétrico fantasma
envuelto en las propias tinieblas.
La tarde lloró a raudales,
lo hizo por ella y también por mí.
No pude llorarla,
aunque la llevo aquí,
adosada a mi alma,
mi elegida y querida hermana,
mi querida amiga,
dulce mujer, amada Noemí.
GITANA DE LOS SENDEROS
Gitana, ardiente y apasionada,
revuelo de faldas de fina gasa
y en una blusa de seda,
sembrada de cadenillas y de doradas monedas.
Los senos flotan desnudos con perfume a hierba buena.
En el trigal de su piel, nacen estrellas con alas.
Ajorcas con filigrana tintinean en sus hebras
y sandalias rojo sangre muestran los pies de gitana.
Lleva en su sangre el calor
de los húngaros veranos
y cuando pisa el camino,
con gracias de bailarina,
sus caderas contornean las plumitas amarillas.
Gitana de ojos oscuros.
Sensual ardor la domina.
Trota en su sangre aquel fuego
que se contagia del ruego de su pasión escondida.
él conoce a la mujer
y senderos de su vida.
No conoce a la gitana,
mas, la imagina encendida.
revuelo de faldas de fina gasa
y en una blusa de seda,
sembrada de cadenillas y de doradas monedas.
Los senos flotan desnudos con perfume a hierba buena.
En el trigal de su piel, nacen estrellas con alas.
Ajorcas con filigrana tintinean en sus hebras
y sandalias rojo sangre muestran los pies de gitana.
Lleva en su sangre el calor
de los húngaros veranos
y cuando pisa el camino,
con gracias de bailarina,
sus caderas contornean las plumitas amarillas.
Gitana de ojos oscuros.
Sensual ardor la domina.
Trota en su sangre aquel fuego
que se contagia del ruego de su pasión escondida.
él conoce a la mujer
y senderos de su vida.
No conoce a la gitana,
mas, la imagina encendida.
ESTIRPE DE ANDALUCÍA
Los cantos se entreveraban
en el crujir de hojas secas..
Estrellas de un cielo oscuro apuñalaban los sueños
y en sus ojos color ámbar se recogían deseos.
El río, cual culebra en la montaña,
resbalaba entre las piedras.
La estirpe del hombre aquel llegó desde Andalucía,
del lugar donde el sol se tuesta al atardecer
y le da lumbre a la tierra.
Él encontró a la mujer a la vera del camino
y la ayudó a subir en la grupa.
en el caballo moruno de cola ruda.
Juntos se enredaron con el helado viento.
El corazón latía como golpeaban los cascos
en tierra de verdes ramos y de musgos rojinegros.
Ella le abrazó la cintura,
sentía la espalda unida a ese lado de la cara.
El caballo relinchó y su andar pisó fragancias de lima.
Cuando los sauces desmelenados se frotaron en la luna,
él le recorrió a besos el hueco de la garganta
y al elevar la barbilla en la caricia esperada,
el hechizo despertó todos los ruegos y ansias
y en brazos del dulce goce, la piel se pegó a los musgos
y se desnudó el silencio cuando cantaron los grillos.
en el crujir de hojas secas..
Estrellas de un cielo oscuro apuñalaban los sueños
y en sus ojos color ámbar se recogían deseos.
El río, cual culebra en la montaña,
resbalaba entre las piedras.
La estirpe del hombre aquel llegó desde Andalucía,
del lugar donde el sol se tuesta al atardecer
y le da lumbre a la tierra.
Él encontró a la mujer a la vera del camino
y la ayudó a subir en la grupa.
en el caballo moruno de cola ruda.
Juntos se enredaron con el helado viento.
El corazón latía como golpeaban los cascos
en tierra de verdes ramos y de musgos rojinegros.
Ella le abrazó la cintura,
sentía la espalda unida a ese lado de la cara.
El caballo relinchó y su andar pisó fragancias de lima.
Cuando los sauces desmelenados se frotaron en la luna,
él le recorrió a besos el hueco de la garganta
y al elevar la barbilla en la caricia esperada,
el hechizo despertó todos los ruegos y ansias
y en brazos del dulce goce, la piel se pegó a los musgos
y se desnudó el silencio cuando cantaron los grillos.
ÁMAME
Ámame en la confusión de palabras,
en el presagio de la sombra,
esa sombra que jamás se aclara
y pega sus insomnios en todas mis esperanzas.
Ámame.
Ámame con el eco de las montañas,
con el embalse del río
que vive en copas de vino
y se acuna en las mañanas,
con las tristes telarañas
colgando de flacos pinos.
Ámame
Ámame con el deseo escondido,
con la ternura y caricias,
en la muralla de escarchas,
con la pasión en tus manos
y tu corazón henchido.
Ámame
Yo también quiero amarte.
en el presagio de la sombra,
esa sombra que jamás se aclara
y pega sus insomnios en todas mis esperanzas.
Ámame.
Ámame con el eco de las montañas,
con el embalse del río
que vive en copas de vino
y se acuna en las mañanas,
con las tristes telarañas
colgando de flacos pinos.
Ámame
Ámame con el deseo escondido,
con la ternura y caricias,
en la muralla de escarchas,
con la pasión en tus manos
y tu corazón henchido.
Ámame
Yo también quiero amarte.
MARIPOSAS TARDÍAS
Por el río de mis venas,
desde el corazón que canta,
corrió un tren de tenue azul.
Aletearon las calandrias
y llego hasta mí un jilguero.
Los pájaros que dormían
despertaron de su sueño.
Yo no sé qué es lo que pasa
en este espíritu mío.
Siento camelias ardiendo
en los campos del estío.
Lo ausente se vuelve
incontrolable presente
y en las esquinas del puente
que camina sobre el río,
tú me besas los arabescos del ritmo.
Plateada estará la luna...
Cuando la soledad abandone mi cintura,
yo dormiré en tus brazos,
escondiendo en mi regazo,
mil mariposas tardías.
desde el corazón que canta,
corrió un tren de tenue azul.
Aletearon las calandrias
y llego hasta mí un jilguero.
Los pájaros que dormían
despertaron de su sueño.
Yo no sé qué es lo que pasa
en este espíritu mío.
Siento camelias ardiendo
en los campos del estío.
Lo ausente se vuelve
incontrolable presente
y en las esquinas del puente
que camina sobre el río,
tú me besas los arabescos del ritmo.
Plateada estará la luna...
Cuando la soledad abandone mi cintura,
yo dormiré en tus brazos,
escondiendo en mi regazo,
mil mariposas tardías.
HISTORIA DE AMORES
El monte se tragó al sol
y la humedad empapó el ruedo de mi vestido.
Lleno de hechizos, el cuerpo
se hundió en el brumoso limo.
Sentí la suave caricia,
las alas en el ombligo,
el olor a tierra húmeda
y el congelarse de besos.
Después, un brote de madreselvas,
un sonar de moradas campanillas,
prendieron a las "damas de la noche"
y arrancaron las raíces abrazadas a mi piel.
Las matas de manzanilla y de enroscados colores
se alinearon en mi sombra,
sombra de piedra y de miel.
Una vorágine de peras y duraznillos,
sobrevivientes del bosquecito de lilas,
contemplaban el destino.
Cinco sendas circulares
y un esqueleto de tallos
en el cantar de los grillos.
él tenía piel morena
y un extraño olor a mar
que sonaba en mis oídos.
Me amó envuelto en un cantar
que hablaba de anhelos vivos,
desde albahaca y alhucema.
hasta encinas del camino
y nos amamos con fuerza,
con la luz y la visión
de un amor entre felinos.
y la humedad empapó el ruedo de mi vestido.
Lleno de hechizos, el cuerpo
se hundió en el brumoso limo.
Sentí la suave caricia,
las alas en el ombligo,
el olor a tierra húmeda
y el congelarse de besos.
Después, un brote de madreselvas,
un sonar de moradas campanillas,
prendieron a las "damas de la noche"
y arrancaron las raíces abrazadas a mi piel.
Las matas de manzanilla y de enroscados colores
se alinearon en mi sombra,
sombra de piedra y de miel.
Una vorágine de peras y duraznillos,
sobrevivientes del bosquecito de lilas,
contemplaban el destino.
Cinco sendas circulares
y un esqueleto de tallos
en el cantar de los grillos.
él tenía piel morena
y un extraño olor a mar
que sonaba en mis oídos.
Me amó envuelto en un cantar
que hablaba de anhelos vivos,
desde albahaca y alhucema.
hasta encinas del camino
y nos amamos con fuerza,
con la luz y la visión
de un amor entre felinos.
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