Por el río de mis venas,
desde el corazón que canta,
corrió un tren de tenue azul.
Aletearon las calandrias
y llego hasta mí un jilguero.
Los pájaros que dormían
despertaron de su sueño.
Yo no sé qué es lo que pasa
en este espíritu mío.
Siento camelias ardiendo
en los campos del estío.
Lo ausente se vuelve
incontrolable presente
y en las esquinas del puente
que camina sobre el río,
tú me besas los arabescos del ritmo.
Plateada estará la luna...
Cuando la soledad abandone mi cintura,
yo dormiré en tus brazos,
escondiendo en mi regazo,
mil mariposas tardías.

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