Sabíamos que el hombre de la niebla
construyó los laberintos detrás de los espejos
y que la tierra re inauguró las voces y el vuelo angelical.
Sabíamos que imágenes opacas
... duplicarían las voces de tus labios,
las voces de mis labios
y ese remolino de arena
que vagó fantasmal y silencioso
hasta explotar en un clandestino arrabal.
Todo lo sabíamos,
sin embargo, respiramos por la cicatriz,
tejimos con eróticos rayos de luna
y desnudamos la lascivia hecha de sombras.
Nuestra sangre naufragó y se multiplicó en gotas
e incendiamos el cuerpo sin decirnos por qué.
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