Pasé por cientos de brasas
y no fue precisamente en la noche de San Juan.
Mastiqué regias piedras disimulando mi horror.
También en cama de clavos,¡cuántas noches me acosté!
Conozco todas las pócimas, aun las de amargo sabor;
sin embargo, esta soy yo, de pie con mis cicatrices,
con los años que se ríen
de este cuerpo que no es joven, que ya posee matices,
... que se cansa, se rebela, que podría ser abuela
y pretende ser amante.
Sí, soy yo, girando en la calesita,
en relojes de cucú, de maquinaria ligera,
automáticas esferas y hasta de amarilla arena
y un burdo despertador;
altas montañas, tal vez una cordillera
de horas ya transcurridas.
¿En qué puse yo mi vida?
Tanto ahondar, tanta porfía
y me quedé sin amor...
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