En esta esquina de la noche,
ya lejos del canto luminoso del sol,
el cristal de las voces, no es la voz.
Como golpes detrás de las hogueras,
... en el enigma de nuestro amor,
regresan los pliegues de la pasión.
Son olas, nubes de olas, ramos de olas.
Cuerpos con la sed, con la misma sed.
El tiempo detenido tiene color en la boca
y ese barco camina con su típico timón.
Tú, yo, envueltos en este amor, frutal, amaderado,
en esta esquina de la noche,
mano en la mano, corazón en corazón,
nos escapamos borrando tinieblas,
saltando la inútil pobreza
con nuestro rico y amante esplendor.


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