Tal como una nómada
que viaja con las aves migratorias,
en este universo de astros y cometas,
desprendida de la piel del horizonte,
... me cuelgo de las nieblas,
y desde allí, exorcizo los fantasmas.
Vive en mí lo ya vivido
y un rincón de madreselvas aun me espera.
Hay una orilla, otra orilla,
un largo puente de ofrendas,
un camino de viento
con liturgias de olvido,
con perdones en blancos pendones
y un amor sin enigmas, solo besos,
un amor, solo caricias, rocío de ternura,
un amor que me amanece en los ojos y en el alma.


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