ALICIA J. RAFFIN

ALICIA J. RAFFIN

miércoles, 20 de febrero de 2013

DESENCANTO

Los silencios tendieron las distancias
y nosotros las cubrimos con las voces.
Eras la presencia, mi presencia.
... Me hallaste en la palabra.
Mis palabras caminaron hacia ti.
Fueron besos, caricias, soplos de ternura
y el inquebrantable anhelo de encontrarte.
Soñé. Soñamos. Sí, soñamos durante mucho tiempo.
Entre tu luz y la mía se abría el espacio del deseo.
Después, el otoño desnudó los árboles,
se llevó los vestidos verdes
y pobló el suelo de colorida alfombra.
En el peregrinaje hacia las vetas del ocaso,
los pasos, las pisadas, la larga caminata,
respiraron sus luces en pleno desafío.
En ese tumulto jamás atrapado,
de pronto, apagué con lapidario acento,
cualquier posible idea
y con un fino hilo de vida...
te revolcaste en el dolor,¡no te quedaba nada!.
La palabra no te dio ramos de fresias y magnolias,
cambió las flores por el desencanto.
Palabra también, pero puñal, espada.
Sacudida el alma por el acero del fino estilete,
tiraste los negros quebrantos al río que pasaba.
-A veces, te dije, no sirven solo las palabras.



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