El tesoro nació en los hilos,
en los recuerdos del vocablo,
en el momento y la hora que cambiaron
... en las redes de otras lunas,
en los sitios que se fueron a otros sitios.
El gueto era un desgarrón oscuro
como las desordenadas estaciones de trenes
donde solo subían pasajeros
unidos por el grito del hambre y del dolor.
Cada llanto, cada lágrima,
cada humanidad era la tuya, era la mía.
Una tristeza pagana torcía las bocas
y los vivos viajaban a la muerte.
Prende las velas. El Sabbath ha llegado.
Préndelas por ellos, por nosotros.
La garganta disuelve los astros inclementes.
Por esa luz de sangre tuya y mía,
no importa en cuánta proporción,
por ese duelo eterno de los sobrevivientes,
prende las velas...
Préndelas en palpable oración.

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