Bala el cielo, vellones de nube, cielo.
En el blanco cementerio, siete cuervos en vuelo.
Ha muerto una dulce niña.
Nos movemos cual espantos detrás de la caja blanca,
... detrás de la caja leve. Luto y luto,
con la pena entrecruzada en cada gota de sangre.
Se sacuden las campanas. Suenan,
como sonaron los golpes sobre la margarita temprana.
¿Nadie vio nada?
Quebraron el frágil tallo,
infamia de negro pelo, ensañamiento encendido,
en fogata de diez leños, con la corteza en gangrena.
Nadie. Nadie vio nada.
Le dislocaron los brazos, le dislocaron las piernas
y se marcharon manchados de joven sangre inocente.
¿Quién responde? ¿Quién responde?
¡Ay, mundo! ¿Quién responde?
¿Por qué se mata a una niña?
¡¿Quién responde?! ¡¿Quién responde?!

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