Tú. Después un nosotros y la luz.
Montículos de distancia en la piedra, paredones de palabras plantadas y apostadas
en una tierra que no reclama nada.
Sin espejismos, levantamos el amor.
... No nos detuvimos. El ángel creció en sus alas de plata.
Sin derrumbes, sin desvíos,
en libertad, mecidos por el nombre del ensueño.
Hablamos de las flores y los frutos
y nos alejamos del color del humo.
En la dulzura de los besos,
nuestro encuentro se hizo perfumado y fuerte.
Amor, amor, amor.
El amor llegó por fin a la tierra prometida.

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