Tormenta de pájaros en mis huesos
y una moneda que rueda por la columna.
En la techumbre, perdidos los velos negros,
un cráneo desnudo gime.
Quisiera ser y no soy.
Pretendí volver y no pude.
Estiré los teclados en mis dedos,
mas la música huyó hasta las nubes.
Perdida en el llanto del dolor,
como un alma con pena, en las tinieblas,
esperé la tormenta entre las dunas
y quebré mis espantos, sin mañana, sin tarde, sin sol.
Solo yo...Sola, sola, sola.

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