La noche trae el vértigo
y la ciudad se escapa en los balcones.
El mar que baña sus costados, respira entre las olas sus amores.
Un presagio de lluvia en aquel rayo
y el viento dibujante de colores.
Bajo la oscuridad que se improvisa,
voy cantando, nota a nota, sin amores y sin prisa.
Tomo el sonido del mar salobre,
la luz del rayo que no intimida,
el viento fresco con sus olores
y paso a paso sigo en la vida.
Con mi maleta casi vacía,
río en la noche de mi partida.

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