En la ciudad desnuda, corren los delirios
con el roto horizonte en un ovillo
y la espera en el rostro del mendigo.
Cual si la luz fuese otra estrella,
aparecen estrellas en un cielo testigo.
Con un hilo de voz ambivalente,
planifica la vida su presente,
no se espanta al pasado ni se pide amnistía,
simplemente se borra toda huella
y se esparcen en el suelo las semillas,
que mañana abrirán las pesadillas,
a la penitente eternidad del día.

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