Emigra con sus hilos de seda y puntillas,
cuelga perchas vacías
y en su vieja maleta encierra,
encierra la gestación del tiempo.
Un centauro respira y trota
en la arena que le frota, pies piernas y caderas.
Un mítico centauro robado a los volcanes.
Entonces ella cuenta, los peces y las flores,
las nubes y los roces, los frunces del relámpago,
la magnitud del trueno...
Mientras suma y multiplica,
pierde los días que resta.
Allí, sola, casi sin huesos pero con amplias alas.

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