Alto, rubio, un hombre.
Mi único habitante.
todo, absolutamente todo, fue "casi".
Casi feliz, casi perfecto, casi un cielo,
casi una eternidad de besos.
La parte faltante, pellizco o mendrugo,
pesa en valores tan grandes,
que no puede medirse.
... No hay balanza ni vara ni algún artificio.
La profundidad de mis relojes,
antiguas maquinarias aliadas de otro tiempo,
sueltan en sus horas la sangre derramada,
las lágrimas, los temores,
aquello que se ignora
y se oculta
detrás de un absurdo antifaz.
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