Acaso, todavía,
hay humo en los zapatos
que pisaron los fuegos
de los días distintos.
¿De qué servirá ver
tanta suela quemada,
si hoy no queda nada
de lo que fue distinto?
Arrojemos zapatos, días humo,
al fuego del olvido.
Apuremos los pasos,
descalzos de recuerdos.
¡Los dos estamos vivos!
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