A los que están, a los que
luchan, a todos nuestros
hermanos.
Ahí, sonriendo,
con las copas levantadas,
con la primavera del amor
instalada en blanca boda,
desde un dulce L´chayim
nos miran, Eliezer y Nejama.
Allí, el ángulo aquel y
en la cartulina opacada,
por una distancia
de erráticas horas,
juegan, con niñez inocente,
Joel, Ruth y Sara Bernsten.
De la antigua Polonia,
con los campos sembrados…
Un retazo detenido de historia,
el abrazo de felices hermanos,
unos libros, sombreros
y una graciosa boina.
Bailarines mezclando colores
que aún hoy danzan en la fotografía.
Son gitanos, son húngaros,
Él y ella, desde una fantasía,
de un instante vacío de temores.
Un Rabee leyendo la Torah
Dos muchachos camino del trabajo.
Un anciano.
Y ese joven viviendo el Bar Mitzva.
De pronto, se detuvo el reloj.
Una pedrada rompió la maquinaria.
Un demonio burló todos los truenos
para ser un rayo desalmado
y tronchar de un golpe los mil cielos,
de los que nunca conocieron el por qué.
Al caminar,
por esas galerías
en las que vemos
instantes felices
de otra vida…
Es innegable
el vacío existencial
que brota del contraste.
Ya no están tantos seres amados.
Sólo quedan expuestos
jirones de sus sueños…
Una muñeca, aquí,
unos libros, diarios,
un sombrero,
la boina,
una cartera gris,
botitas, un zapato,
un cuadro,
algunos muebles,
una amarilla partitura
y esta infinita amargura
que nos encuentra impotentes,
pues impotentes miramos,
lo imposible de cambiar.
Se siente que todos ellos,
que todos ellos nos miran
y nos preguntan motivos,
y nos demandan respuestas.
No fue obra del azar,
ni una causal fortuita,
que se pudieran reunir
recuerdos que tienen vida,
recuerdos con un mensaje,
con un clamor, un pedido,
una razón de existir…
a pesar de tanto horror,
a pesar de este luto contenido.
No son las fotos de extraños
que pasaron por la vida,
simplemente.
No son simples recuerdos
de seres que han partido.
Son recuerdos que nos gritan,
son cosas que nos dicen,
a la memoria y a toda nuestra mente,
con un repiqueteo,
semicírculo pendular
muy persistente…
No permitan que pase,
No permitan que pase.
¡Nunca más!
Nunca.
Nunca.
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