Tal vez fue la hora no penitente,
tal vez, la lenta soledad;
o quizás, el alba no resignada
que se dibuja en los gestos de la muerte.
Entre el silencio y la vigilia
con el humo furtivo e inclemente,
arrodillado en la aurora,
con los dientes apretados,
sin respuestas ni preguntas,
mas la piel reseca y desgastada,
zambullí mi corazón en esta hueca ausencia.
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