Miro el muro donde la sangre se invoca.
Las gargantas articularon su voz
y el ausente tomó su lugar en el coro.
Sonaron las harpas melodiosas
y las cuerdas afinaron acordes.
Babilonia de sonidos
rayaron el aire con raíces inquisidoras
y fingieron morder al sol esquivo.
... Aprendimos todos los acordes,
pero seguimos siendo lo que somos:
pobres sin Dios empujando este caos,
pobres sin Dios, sin promesas ni horas.
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