La tarde me confunde con su grito de otoño.
Vago por sendas y montes ignorados.
De pronto, en un cruce, la memoria suplica.
Retrocedo, me pierdo entre trenes que pasan.
... No sé si estoy entera
o si mi otra mitad dobló la esquina.
Me ocurre tantas veces este desdoblamiento,
que aun hundo los dedos en el barro quemado
y figuras marrones de celestes pupilas
nacen en un taller al costado del viento.
Yo confundo a la tarde con mi torpe locura;
el otoño se moja en un grito al acecho.
Somos dos en un mundo de adentro
disfrazados de gnomos y de duendes secretos.

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