Cuando llegó el amor,
el ángulo de la mañana,
... decidió ser recta al mediodía.
Unidos en un prieto racimo,
la loca certidumbre tuvo alas
y se volvió clamor del alma mía.
Ya no fuimos dos sombras
ni hubo vertical lejanía;
los planetas se pusieron en fila
para vernos pasar vestidos de alegría.
Mi piel mediterránea y ambarina
pegada a la tuya del color de la estepa
armó las olas de la emoción madura
y se prendió un trino en azul cabellera.
Nuestro amor dio color a todo lo finito
y se guardó en las manos un trozo de infinito.
Porque amamos hicimos del amor nuestro rito
y soltamos campanas de pasión y de dulzura.
Un hilo navegante nos mece todavía.
Los gritos, las ansias, la tormenta y el fuego
nos encuentran en este ancho río.
Vivimos en las costas del beso,
abrazados y juntos en sueños compartidos.

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