El desdén no encontró su miseria,
simplemente, abrazó mi cintura,
tomó el giro de la cadera,
me dejó su lujuria y partió.
... Un golpe con sabor a madera
inundó el rostro de memorias
y encubrió de nostalgia la garúa.
Pude adornar paisajes en revuelo
y volver la letra de la historia
en crónicas de escándalo y tristeza.
Nada hice, solo vestí la edad de verde
y canté en el derrumbe pardo y brusco,
le canté al desdén y a su desaire.
Me falto nada y tuve todo.
Mas, por el otoño deshojado aun te busco.

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