Coronado el cielo de violeta,
tu caminar hizo temblar las copas
y no hubo un dulce vino, ni racimos de negras y rosadas uvas;
tampoco manzanas ni perales ni fragantes lágrimas de lluvia.
Se desató en la tiniebla irregular, la ola desbocada de rumores
y una femenina orfandad cambió la risa, la alegría, el sol.
Arrastraste por delgados canales el mundo de hojas moribundas
y reptan más que en silencio
los perdidos sueños que no dicen
en qué minuto se cambian las horas.
Mírame, si así lo quieres,
pero no pretendas dormir en mi boca
ni tener caricias con hilos de alma.
Esta es mi ternura, estos son mis sueños,
todo es solo mío.
¡Bienvenido sea el vínculo roto!

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