Una corona de espinas lleva El Nazareno;
tanto dolor en cada incrustación.
La sangre se esparce, se escurre, cae por el rostro.
Llevar el madero, sobre los hombros heridos,
precipita el silencio de la injusticia.
En un espacio de lágrimas,
camina María y tiembla su corazón de madre.
¡Ay, María! Aún faltaba la muerte.
El negro racimo de oscura espuma
hincaría una flor amarga...en tu regazo.
Repartida la tempestad, solo quedaba la esperanza.¡Ay María!

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