¡Tantas cosas rotas!...
Vidas, momentos y sueños,
promesas, amores, historias...
Mi propia rotura parte del universo
y el equilibrio de la fuerza se expande.
¿Cuál es la esencia del daño?
¿Podemos desmayarnos en la venganza?
Solo los muertos pueden decir cuál es su destino
y no hablaron los muertos el día de la muerte,
de la propia o de la ajena,
de esa muerte que agravia y aflige.
Aunque lama el índice y cuente los billetes,
el fajo será siempre el mismo.
Llevo el sabor del mar, la arena pegada a la piel,
los ecos de mi existencia, de mi lejano origen,
del lejano origen de las cosas rotas.
En la mente despierta, graznan los cuervos
y la negrura de sus brazos alados
corta y multiplica,
multiplica y corta
y el cielo pasa a ser una cosa rota,
solo una cosa rota,
solo otra cosa rota.
La carga de tristeza, entera o en pedazos, duele.
¡Ay, cuánto duele!

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