Si me separan de la palabra,
si me arrojan a los abismos del silencio,
pronto moriré, perdido en mi apagado cuerpo.
Sin las voces que nos nombran,
la disolución es irremediable.
Quítame lo que quieras, mas,
no me quites el verbo y los pronombres,
déjame el sustantivo, el adjetivo, los adverbios,
las conjunciones, las preposiciones,
ese mundo que encierra los deseos...
Si quieres, llévate el espejo de Alicia,
los fragmentos del desánimo,
el ordenamiento de pesadumbre,
el to be or not to be de Hamlet,
el sí o el no de las niñas,
la carta que no le escribieron al coronel,
los molinos de viento de antiguos gigantes,
el pájaro que no cantó e igualmente se murió,
los heraldos perdidos en un mundo negro,
la hermosura del ahogado,
la ciudad, también los perros.
Todo, todo puede irse,
pero no me robes la palabra.
Con la palabra daré vida a lo que me quites
y seré una especie de punto creador.
En la palabra vivo y dejo de morir.
Mientras tenga la palabra, será visible mi existencia
me sabré vivo, la placa de evidencias destruirá los infiernos
y todo se volverá puro cielo.

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