Salta, irrumpe, rompe, ruge,
se desbarranca en la tosquedad del risco,
quiebra la cadera del viento
y vestido de negro e infinito
mastica la insólita orfandad,
la salpica de ácido humor
y se retuerce entre las grietas,
donde se pierde en un insomne humo gris.
Desde mi atalaya, sostengo la mirada,
entrecruzo abúlicas sombras
y yo también me pierdo en humareda y soledad.

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