Tenía una llave mágica.
Abría los portales de las flores,
como un hada con varita de colores.
Un día, un hombre me la robó,
un impiadoso
y dejó la puerta abierta.
Indefensa y sin la primavera,
no pude abordar aquel encantamiento.
Entraron efímeros momentos
de pocas y muchas alegrías.
Mas lo que entró, al ver la puerta abierta,
ante la menor situación,
con apuro, con prisa, sin ninguna templanza,
retrocedió y salió con el rumbo perdido.
Me robaron la llave que era mía.
Aún sostengo una puerta...
la entrada de una casa vacía.

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