Desde esta planicie,
mundo llano, llano,
sin colinas, mesetas o quebradas;
desde esta sucesión de pasos,
sin alturas, sin honduras,
solo con los ojos verdes de lapachos
y de algún chivato en flor,
el anhelo de volver me fascina,
a pesar de amar esta tierra horizontal y esquiva.
Amo el olor que despliegan las montañas,
la anchura de un arroyo,
cielo y ninfeas vestidos de fantasmas,
un estanque que se quiebra y se amortaja,
un águila blanca ante el agua y el viento,
la lengua del camino que descubre
la pequeña ciudadela de los muertos,
tantos pinos, robles, abedules.
Amo los pájaros azules,
las ardillas, cola peluda en signo de pregunta,
los gamos, los pavos silvestres,
el silencio nocturno,
el vuelo de los cuervos,
el incendio de la luna en el cielo,
los secretos de la cabaña en bloques.
Y te extraño, amor mío lejano.
¡Cuánto te extraño!
Encrespo mis cabellos,
subo al muro del paisaje dormido en otoño,
dejo caer los ojos en un cuarto...
A pesar de mi memoria,
de mi anhelo teñido en luz,
de los brincos locos del alma,
sigo retratada en el inmenso llano.
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