Pareces la frágil cañita
que el más tenue viento
podría doblar,
mas, si nos detenemos,
acercas tu fuerza de acero,
la que, ni un huracán,
podría doblegar.
Ronca lucha habita en tus huesos
y por la mirada corren las señales
de muertos quebrantos,
que, a veces, duelen todavía.
Todos los infiernos parecen callados,
aunque sé que existen
tras los altos muros
que tú levantaste con tus propias manos.
Alto paredón, -piedra y silencio-
que difícilmente pueda yo franquear,
inaccesible mundo
de relámpago indómito,
delgado e infrecuente…
pero tu mundo al fin.
A pesar de toda dirección y tiempo
y aun con varias ventanas cerradas,
extiendo las redes de los sentimientos,
-simple pedacito de quien es tu hermana-,
y a los borbotones desato este abrazo,
que, pretendo sea, un roce de alas.
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