ALICIA J. RAFFIN

ALICIA J. RAFFIN

viernes, 21 de diciembre de 2012

EN ESE LUGAR, UN DÍA

Láminas de cruz alzaron vuelo
desde las horas liberadas
y el sudor de los hacheros
se mezcló con la sangre
de tanto árbol derrotado.
Sentado, sin saber,
sobre la fosa que enfriaba
dislocados cuerpos muertos,
Juan Cardazo descansaba.
Distantes estaban sus ojos…
Escondían una pálida, acuosa, mirada.
Algo mezcla de espanto e intuición
se le subió a la garganta,
corrió por los canales
y le llegó al corazón.
Miedo, extraño pavor nunca sentido,
rigidez de alambre,
premura salvaje
y parálisis total
del hombre dolorido.
Huyó su voz hacia los algarrobos
y todos sus intentos fueron vanos,
la mudez se le durmió en el pecho.
Inmóvil y mudo esperó la muerte.
Sin embargo…todo…sólo un instante.
Un clavo le horadó el entendimiento
y sin cerrar los párpados,
pudo desnudar lo ocurrido
en aquel insólito paraje.
Vio hombres armados y violentos,
vio hombres flacos y macilentos,
aterrados y solos,
infelices en ese cielo abierto.
Escuchó los tiros, la furia, el dolor,
los gritos mordiendo la claridad.
Sangre escurriéndose en las grietas…
y otra balacera, por las dudas…
Después, breve quietud,
casi, casi, silencio,
mas luego, los hijos de las furias
lanzaron carcajadas
y sílabas burlescas comieron los acentos.

Cuando Cardazo volvió en sí,
en la única pieza de su pobre rancho,
tenía encima tanto hedor de muerte,
como si hubiera dormido
al lado de un cadáver.

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