ALICIA J. RAFFIN

ALICIA J. RAFFIN

martes, 25 de diciembre de 2012

DESPUÉS DEL ADIÓS

Huyó el duende del recuerdo.
Mi alma, vagabunda, ignoró las sandalias
y descalza retornó a este mundo,
sin pedir permiso.
Casi a tientas,
empezó a acomodar tantos días desparramados.
Con un plumero de olvido, sacudió aquellos estantes
en los que danzaban adormiladas palabras.
Juntó los tristes pasajes de mis historias recientes
y armó la feroz fogata.
Después, un pincel de cerda fina cubrió con lavanda y rojo
los oscuros laberintos que desprendían tus pasos.
Sereno y con disimulo, tiñó en mi rostro, la certeza del olvido.
Cuando la noche tomaba rocío de telarañas,
se terminó su labor.
Recién entonces, buscó un colchón de blancas peonías,
acomodó sus alas; espantó a Juan Insomnio
y al fin, oh, al fin, me dejó dormir.

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