Trenzas de hebras claras, rayo de sol.
Corazón, mi corazón,
ese fue el nombre cariñoso que me diste
y tus palabras se estamparon para siempre.
el reinado de las llamas coronó mis sienes.
Salto de madreselva y limonero.
Días entre sílabas y letras escondidas.
Ojos descansando en una larga mirada.
El otoño, descalzo y multicolor, soñaba y aturdía.
Vestigios de su luz aún vibran en mi canoa errante.
Y hago surcos en el río casi quieto,
mientras tus versos reparten su energía
y acarician mi piel, en el recuerdo,
solo en el recuerdo, amor, solo en el recuerdo.

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